Muchas veces escuchamos la frase «fulano/a tiene la vida hecha…» en el sentido que el fulano en cuestión logró todo lo que supuestamente se debe lograr en la vida a determinada edad: una ocupación, trabajo o carrera, familia, hijos, una situación económica resuelta, etc.
Anoche volví a escucharla y me hizo ruido en la cabeza. Durante el día la frase volvía como una mosca, y no tenia muy claro porque me fastidiaba tanto que una persona le dijera a otra «vos tenés la vida hecha».
No quiero ser injusta y debo reconocer que no fue una frase aislada y que venia en un contexto. Y también es importante tener en cuenta que la fulana en cuestión que supuestamente se le adjudicaba tener su vida hecha tiene mi misma edad, por lo que era muy fácil sentirme identificada… Pero realmente, en el fondo, no importaba mucho. Me pregunté que podía significar para mi tener la vida hecha… Una alarma angustiosa resonó en mi abdomen, la que anuncia muchas veces lo irremediable, lo tanático… Muy probablemente tener la vida hecha significa haber logrado todo, y eso, para mi, es como ver la bandera final, como que la carrera se terminó, como que ya no quedan cosas para hacer.
Si yo pensara que tengo mi vida hecha en vez de estar escribiendo esto, estaría preparando mi testamento!
Lo mejor que tiene la vida son los proyectos, los que nos tiene ocupados y alejados de la bandera que nos marca el final de la carrera de la vida. Todos sabemos, o deberíamos saber, que la bandera a cuadros está, irremediablemente, preparada. Pero para poder sacarle partido a esta situación tenemos la posibilidad de darle sentido a lo que hacemos en nuestro camino, embarcándonos en proyectos más o menos egoístas, que revaloricen la forma en que el tiempo pasa. Y una de las mejores maneras de pasar la vida es involucrándonos con el amor.
Ahí, si dejamos entrar el amor, los proyectos se vuelven menos egoístas…
Hoy me encontré con un grupo de amigas quienes, a primera vista, tienen sus vidas «hechas». Pareja, hijos, trabajo, problemas… Lo bueno de estos encuentro «vintage» es darnos cuenta que seguimos teniendo intacta nuestra capacidad de reirnos como cuando teniamos quince años, de emocionarnos cuando alguien cuenta algo triste, de indagar en el dolor de cada una y de hablar sin careta. También, la capacidad de consolar, de abrazar, de mimar, de comprender… Eso también es amor.
Y lo mejor fue que una de esas mujeres con su vida hecha, su marido, sus hijas de veinte años… nos trajo a su bebé de seis meses y nos contó sus ganas de reincidir y tener otro hijo o hija más!!!!
¡Que bueno seria dejar siempre abierta una ventana para que la vida nos sorprenda!
La vida nunca está hecha hasta el día que nuestro corazón deja de latir.

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