Hoy me preguntaron:
-«¿Cómo puede una mentira generar tanto amor?»
-«Para mentir hacen falta dos…»- respondí, citando a Homero Simpson.
Cuando tenemos ganas de creer lo increíble, nos dejamos llevar y acallamos las voces de alarma. ¿Alguien diría que la magia es una mentira? El que mira al mago tratando de descubrir el truco, se pierde el espectáculo. El que se deja llevar por el momento y lo disfruta, vive la magia. Pero en el fondo sabemos que todo se trata de un truco, de una ilusión…
-«No te arrepientas… No importa si una mentira te hizo sentir así. Hay alguien que solo tiene su capacidad de mentir… Vos tenés tu capacidad de amar», dije, sabiendo que para cierto tipo de heridas no hay analgésico posible, solo esperar que las plaquetas espirituales hagan su trabajo y formen cicatriz, y luego que quede la marca en el alma, indeleble.
-«No me arrepiento, pero siento mucha vergüenza de mi…»
La vulnerabilidad nos avergüenza, pensé. ¿Qué es ser vulnerable? ¿Bajar las defensas para amar y pretender que otro u otra te ame? ¿Intentar ser como niños y creer en la magia?
-«¿Vergüenza?»- me adelanté -«¿Vergüenza por amar y que te mintieran? ¿Vergüenza por amar y que no te hayan amado como esperabas? ¿Vergüenza por sentir ternura y querer cuidar y ser cuidado?…»
-«no!», me interrumpieron, «vergüenza de no haberlo logrado… Vergüenza de extrañar cosas que no pasaron… Vergüenza por mi nostalgia de lo que no fue».
Si la mente humana es complicada, el corazón lo es más aun. Pensé en la nostalgia y me acordé algo que escribí hace un lapso indescriptible de tiempo entre la nada y el todo…
«Una danza entre la piel y la palabra,
presintiendo tu presencia
que se niega.
Una estrella que no encuentro en nuestro cielo.
Un sueño que se esconde entre las sombras.
Quisiera acariciar tu ser con mi ternura
y sentir tu dulzura en todo el cuerpo.
No se si era tu corazón o el mío el que latía.
Pero cierro los ojos y lo siento.»


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