Las vacaciones pueden ser una costumbre, un ritual, que se repite año a año con la excusa del descanso. Hasta pueden ser una obligación. Si hago memoria, son pocas las veces que realmente descansé en vacaciones. Y si lo pienso bien, en general, no me permito descansar, con o sin vacaciones.
De repente, sin pensarlo mucho ni preguntarme los por qué, este año me inventé unas vacaciones. Literalmente, me las inventé. En una época inusual, movida por sinrazones, por hilos irracionales, sin indagar a fondo cuál era el combustible, a un lugar impensado, sin poder responder “por qué?”.
Lo único que se me ocurrió una noche, hablando con amigos, fue decir: “me voy a construir recuerdos”.
Necesito más recuerdos felices en mi vida. Y si no hay los suficientes, tendré que construirlos.
Anoche hablaba con una de mis hijas y le decía que hubo un momento en mi vida donde así, de golpe, me di cuenta que ya no me quedaba mucho espacio para fingir. Ni para vivir con inercia. A mi al menos, le decía, se me terminaron hace rato los sentimientos “obligatorios”. Ya no quiero “gente mierda” cerca mío, le decía, ya no quiero “mediocridad sentimental”, ya no quiero amor ni amistad unidireccional…
Hace unos días atrás, hicimos, con una amiga, una línea del tiempo de nuestras vidas. La inquietud nació en ella, a quien después de varias horas de charla, se le ocurrió preguntar: “¿Con la cantidad de cosas dolorosas que nos pasaron, qué podríamos haber sido?”. Y bueno, la verdad es que, en nuestros dos casos particulares, teníamos excusa y justificativo para haber sido cualquier cosa nefasta, personas dañinas para nosotras mismas, para los demás, para la sociedad. Ninguna de las dos vivió un cuento de hadas. Cuando íbamos inventariando y agregando acontecimientos a esas líneas del tiempo, cada cosa que le adicionábamos era una bomba de neutrones: duelos inconmensurables, pérdidas terribles, acontecimientos devastadores… Y ninguna de las dos eligió el camino de la victimización, ni de la autocompasión, ni de la psicopatía social, ni de la destrucción. Y ninguna de las dos se siente heroína ni víctima… Y las dos aprendimos a seguir adelante con unas espantosas mochilas llenas de dolores. Y ninguna de las dos perdió el humor, ni las ganas de vivir, ni las ganas de amar.
Y así, después de un rato, pensamos en esas personas, que las hay, a quienes se les dió -aunque ellos no lo sepan ni se den por enterados- una versión de la vida que para algunos es como un cuento de hadas: infancia con ambos padres, viviendo siempre en el mismo lugar, en el mismo colegio, en la misma casa, rodeado de la misma gente, sin duelos significativos, sin problemas graves… Gente que ha llegado a los 40 o los 50 sin haber pasado por una verdadera pérdida, que no se han muerto sus padres, ni sus hermanos, ni sus hijos, que no saben lo que es convivir con una enfermedad crónica, que no perdieron nada, que no reconstruyeron nada, que no pasaron por un divorcio, o por la viudez…
Y en medio de todo eso, me vinieron a la memoria palabras que una vez me dijeron y que me cayeron como plomo: “me gustaría ser como vos”. Yo no entendí, en su momento, por qué me lo dijeron. Creo que sigo sin entender. Pero lo que sí entiendo, es que seguramente para ser como yo, quienquiera que sea tendría que haber pasado por todas las circunstancias que viví y ni así bastaría. Y lo pienso más y creo que para ser como yo, tendría que haber hecho lo que yo hice: optar, elegir, decidir. Tuve, igual que mi amiga, todas las excusas para ser absolutamente distinta, una sociópata, por ponerlo en un extremo, una planta, una víctima. Pero yo elegí ser quién soy. No hay secretos. Fue y es, día a día, mi propia decisión. Todos los días estoy eligiendo y decidiendo, tomando partido, asumiendo.
Y hoy, así, con todo esto dando vueltas por la mente, arremolinándose de a ratos, entre maletas y pasaportes, me doy cuenta que me estoy tomando vacaciones. Y que son, contrario a lo que parecían, vacaciones muy racionales.
Y también me doy cuenta que nunca había dicho que me estaba tomando vacaciones, que me daba vergüenza decir que me voy, así, porque sí, simplemente porque surgió la imperiosa y rotunda necesidad de levantar vuelo, de despegar.
Y así, sin especular ni planificar, hoy me doy cuenta que me estoy tomando vacaciones del dolor. Vacaciones de los duelos. Vacaciones de las pérdidas. Vacaciones de los robos materiales. Vacaciones de las estafas emocionales. Vacaciones de la gente mierda. Vacaciones de la falta de reconocimiento. Vacaciones de las postergaciones. Vacaciones de la lucha. Vacaciones de los bancos, de las tarjetas de crédito, de los préstamos, de la AFIP, de las moratorias, de los malabarismos económicos. Vacaciones de ganancias y de bienes personales. Vacaciones de los médicos, de los tratamientos, de los remedios, de los controles y de los especialistas. Vacaciones de las obligaciones. Vacaciones de las tomas de decisiones. Vacaciones de estar en el banquillo de los acusados. Vacaciones de empezar de cero dos veces en el mismo año. Vacaciones de dar explicaciones. Vacaciones de los albañiles, de los electricistas, de los plomeros, de los que colocan pisos, de los herreros. Vacaciones de pensar en todas las decisiones que todavía me quedan por tomar. Vacaciones de muchas cosas que se me antojan absolutamente injustas. Vacaciones de la indiferencia. Vacaciones del silencio. Vacaciones de la irresponsabilidad de los demás. Vacaciones de… si, vacaciones del dolor.
Y no es una simple y sencilla evasión. No me voy a evadir de nada. Sólo voy a tomarme vacaciones para juntar fuerzas y seguir luchando por lo que me importa, o sea, por lo importante, por quienes amo, por quienes valgan la pena.
Y no es sólo eso. Me voy, como le dije a mis amigos, a construir recuerdos con una de mis hijas. Y me voy intentando dejar acá esa mochila llena de los acontecimientos que construyeron mi vida y que crearon un marco donde yo decidí ser quien soy. Por un tiempo al menos.
Me voy liviana, desapegada y libre, a buscar el abrazo de mucha gente que amo con todo el corazón, un abrazo que necesito y mucho.
Me voy, por primera vez en mi vida, dispuesta a descansar y a disfrutar. Me voy de vacaciones!!!!!!!

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