SIGUE AL CONEJO BLANCO

Si podés soñarlo, podés lograrlo


Volatilidad

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra “volátil” tiene tres acepciones:

  1. Que vuela o puede volar
  2. Dicho de una cosa: que se mueve ligeramente y anda por el aire
  3. Mudable, inconstante

La vida es efímera, no es volátil. La vida es finita. Tener en claro que cada minuto que vivimos es irrepetible y que la vida es una calle de sentido único donde no puede darse marcha atrás ayuda a centrarse. Centrarse, anclarse, amarrarse a la vida, como lo opuesto a ser volátil.

Nunca podemos saber si algo es bueno o es malo. Por eso hay quienes intentamos no calificar ni valorar los acontecimientos hasta pasado un tiempo. Hasta ver sus efectos a lo largo del tiempo. Hasta ver sus frutos. O incluso, hasta darse cuenta que ni siquiera hay frutos.

Y todos, indefectiblemente, cargamos con una mochila. Y cada uno tiene su propia carga. Y no hay balanza capaz de comparar el peso de cada una, porque es un peso subjetivo. Depende de como se percibe.

Y cada uno hace una elección de qué hacer con esa mochila, con su contenido, con su peso. Siempre se puede encontrar una justificación para ponerse en el lugar de la víctima, y de ahí hay sólo un mínimo paso para autojustificarse toda clase de actos y de egoísmos. Despertarse a la vida significa salir del lugar de la víctima y tomar una posición clara respecto a quién se es, qué se quiere y cómo dirigir la propia existencia. Creo que, en definitiva, se trata de intentar construirse una vida lo más feliz posible con los materiales que se tiene. Haciéndose cargo. Haciéndose responsable de uno mismo.

Y en todo esto se mete el Amor. El Amor, como yo lo entiendo, no es un lugar donde uno muere un poco para dar espacio a otro. Pensar en conceptos mortuorios frente al Amor es pensar un Amor enfermo. El Amor lo entiendo como un lugar donde uno vive y decide vivir para construir de a dos. Dando, como decía Lacan, eso que no se tiene, esa falta, esa carencia propia, a alguien, que sin dudas, no lo es. Y no ser implica que no sea el “ideal”, no es el que nos va a completar, no es el que nos va a dar lo que precisamente no tenemos, sino que sea alguien de carne y hueso, bien real, bien humano, con quien compartir la vida aceptando la propia diferencia y la propia unicidad. No es con quien dejar de ser uno para ser dos. Eso es morirse, ya que es la única forma de dejar de ser uno mismo. Es poder ser dos, emparejados, y disfrutando la vida.

Y a veces resulta, y a veces no. Lo único que da paz y da sosiego, en el Amor y en el amor, en el hacer las cosas con amor, en amar lo que se hace, es poner todo lo mejor de si para que las cosas resulten. Y cuando nos damos cuenta que pusimos todo o que estábamos dispuestos a poner lo mejor de nosotros e incluso lo demás en pos de una ilusión, el sosiego llega, aún cuando el resultado no sea el esperado.

Por eso creo que la vida no es volátil. Creo que la vida es hermosa, a pesar de que haya muchos dispuestos a complicarla todos los días, fundamentalmente, con los impedimentos y con las impotencias que derivan del miedo… del miedo a vivir.



Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.