A veces escribimos, escribimos y escribimos. Gastando palabras, intentando encontrar un hilo que conduzca y explique todo.
Y cuando ya creíamos que no entendíamos nada, basta volver a bucear en esos ojos, para que la poesía, que creíamos perdida, vuelva. Y no importa lo que fue, ni lo que es, ni lo que será.
Y es ahí donde los eones se transforman en un instante infinito. Y el silencio de a dos se transforma en la música más hermosa. Y en un abrazo detenemos el tiempo.
Y ese nombre que no podíamos pronunciar, vuelve a los labios y sale a volar. Magia pura.
Escuchá, Aladdin, no es Ripples, pero también la escuchaba en mi adolescencia…

Deja un comentario