
9 palabras y la composición química del cuerpo se descalabra, la dopamina que inunda, los neurotransmisores bailan y si me meten en un tomógrafo mi cerebro es tecnicolor. Tantas palabras que andan rodando, pobrecitas, por el mundo, y solo nueve, sin estridencias, sin grandes ambiciones cada una de ellas, humildes y sencillas… son dichas y el mundo se evapora.
¿Cómo puede la dopamina ser tan sensible a esas 9 palabras? Que seguramente son sólo mías, porque no pueden usarse en ningún otro cerebro (lo siento, lo lamento, pero es así, esas 9 palabras sólo generan este arcoiris en mi cerebro). Las palabras y la química me intrigan, el efecto que tienen las palabras sobre los átomos, sobre los elementos de la tabla periódica, sobre las cadenas de aminoácidos, sobre los reservorios de la memoria.
Las palabras, inmateriales, que pueden evocar imágenes visuales, táctiles, sonoras, olfativas, gustativas y kinestésicas. Y todo eso es química, cada una de esas imágenes en mi cerebro es química solamente, pura y rotunda combinación de átomos, átomos que son tan sensibles que 9 palabras tuyas bien elegidas, bien combinadas y bien pronunciadas tiñen de arcoiris cualquier monocromía de la materia gris.
Tan lindas que me las tatuaría.

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