Ayer me dijiste que me gusta escribir. Sí, me gusta, pero cuando puedo escribirte sólo a vos, no necesito escribir nada más que lo que tengo para decirte.
Se que con las palabras tocamos tanto como con los dedos. Se que con mis palabras puedo tocarte tanto el alma como te toco el cuerpo. Y se que tu alma me resulta tan perturbadoramente irresistible como tu piel.
Si un día sólo pudiera escribirte, inventaría un idioma nuevo para contarte todo lo que te amo.

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