Hoy te escribo desde la cocina, rodeada de aromas porque estoy cocinando para una amiga que viene en un rato a casa.
Aprendí un ejercicio muy sencillo que me sale ya naturalmente y que hoy te lo quiero recomendar: cada mañana cuando me despierto, incluso antes de abrir los ojos, en ese estado alpha de quietud, agradezco. Agradezco haberme despertado, agradezco estar viva.
Damos la vida por sentada, como si fuera algo que va a estar siempre. Y sabemos, porque sí, sabemos, que no es así. Pero para poder seguir viviendo y no angustiarnos, elegimos no pensar en eso. En cambio, me dí cuenta que agradecer cada mañana haberme despertado me pone en una sintonía muy especial. Una sintonía que me recuerda que tengo otro día más para aprovechar, para vivir, para reir, para disfrutar.
Desde dónde agradecer? El otro día una amiga me pasó un audio de la charla de alguien, no recuerdo su nombre, que para plantear la gratitud lo hacía desde la comparación: piensen en los que no tienen una casa, ud tiene una casa? Agradezca, porque hay gente que no tiene una casa. Ud tiene trabajo? Agradezca, porque hay gente que no tiene trabajo, piense en esa gente.
Ay, ay, ay. El cerebro mis queridos lectores, es un órgano maravilloso, pero la parte del cerebro encargada de interpretar lo que escucha es muy, muy, demasiado, literal. Cuando tu cerebro escucha (incluso y especialmente cuando te escucha a vos, y de esto vamos a hablar otro día) no distingue si lo que le está pasando a otro es afuera o es adentro tuyo. Tiende siempre a interpretar que es algo que te está sucediendo a vos, en el aquí y el ahora.
Si yo te propongo que pienses en las personas que no tienen trabajo y que te emociones con esa sensación aún cuando sea con el objetivo que encuentres una razón para agradecer, tu cerebro interpreta que sos vos quien está sin trabajo y entra en modo supervivencia, entran a producirse unas variaciones hormonales en tu organismo, el cortisol se eleva, la adrenalina se eleva, el sistema nervioso autónomo toma el control y dice: cuidado, no tenemos trabajo, estamos en peligro. Y generas, en forma absolutamente innecesaria, un momento de stress… Y eso, genera cosas en tu cuerpo.
Ya habrá oportunidad de hablar de estas cosas. Hoy lo que te quiero proponer es esto: no hay razón para agradecer. No tenés que ir a buscar nada para sentirte en gratitud. Simplemente estar vivo es la mayor razón para sentir gratitud, porque si estás vivo, podés hacer lo que quieras.
Y no, no me digas que no podés hacer lo que quieras porque simplemente no es cierto. Te prometo que si querés, podés.
Así que simplemente concentrarte en agradecer. Y tu vibración energética se va a elevar. Te propongo algo que a mi me funciona: agradecer al despertar, ni bien tomo consciencia que estoy despertando y agradecer como último pensamiento del día.
Agradecer incluso si en tu día hubo dificultades, intentá verlas como oportunidades para un mayor aprendizaje.
Agradecé incluso si tuviste noticias que no fueron agradables, incluso si la vida te enfrenta a momentos dificiles. Agradecé y pedí, pedí lo que quieras porque el Universo, dios, tu yo superior o como quieras llamarlo, te escucha. Pero pedí desde la gratitud y no desde la carencia, porque vibrar en gratitud te pone en una frecuencia de abundancia que te va a llevar a un recorrido más saludable.
Esto te propongo hoy, primero de diciembre de 2023. Agradecé si estás leyendo esto, no por lo que yo escribí, sino porque vos, si estás leyendo, estás vivo. Que tengas un hermoso día!

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