Nuestra realidad se basa en un sistema de creencias. El 90% de esas creencias no son nuestras, son las creencias de nuestros padres, maestros, abuelos, vecinos, personas importantes en nuestras vidas, etc. Las principales creencias nos vienen de la época comprendida entre nuestra vida intrauterina hasta aproximadamente los 7 años. Es lo que llamamos los «programas». Y esos programas nos gobiernan. Son inconscientes, lo que es lo mismo que decir que son automáticos.
Creer implica tomar una decisión, elegir cómo es tu mundo.
Si yo creo que la gente es mala, que todos quieren hacerme daño, que cosas malas pasan todo el tiempo y que «algo puede pasar» y ese «algo» siempre es catastrófico… entonces simplemente mi mundo ES así. Mi mundo es un mundo donde hay gente «mala», donde todos quieren hacerme daño, donde cosas malas pasan todo el tiempo y donde me pueden suceder, o le pueden suceder a mis seres queridos, cosas malas. Y la realidad exterior (a mi mente) se encargará de probarme día a día que tengo razón.
Pero tú vives en mi mismo barrio, en el edificio de enfrente. Pero tú crees que el mundo es un lugar hermoso, lleno de gente con buenas intenciones, donde cosas bellas pasan todos los días. Tú no te sientas a escuchar los noticieros, escuchas música con buena vibración, tú vibras en una frecuencia de amor y alegría. La gente que te rodea confía en tí y tú en ellos. Te pasan cosas, y la mayoría de ellas son cosas hermosas. Y cuando te pasan cosas que podrían ser desagradables o dolorosas, eliges pensar que alguna enseñanza te traen, que algo bueno vas a aprender.
Somos vecinos, vivimos a pocos pasas. Ahora dime: tú crees que vivimos en el mismo mundo? Tú podrías decir que mi mundo lleno de cosas feas es el mismo mundo que el tuyo, lleno de bondad?
Vivimos en la misma calle, nuestro código postal es el mismo… claro, parecería que vivimos en el mismo mundo. Pero no, no compartimos mundo. Porque ambos hemos elegido creer en mundos distintos. En tu mundo llegan buenas noticias y pasan cosas buenas. En mi mundo sólo llegan las malas noticias y me pasan cosas catastróficas.
Cada uno de nosotros elige creer en algo. Y eso funciona. Si tu crees que el mundo es un lugar peligroso, LO ES. Si tu eliges creer que el mundo es un lugar lleno de oportunidades, LO ES.
Descubrir tus creencias más profundas no es una tarea sencilla porque son inconscientes, a veces hay que hacer un trabajo realmente importante para atraparlas. El diálogo terapéutico es una herramienta valiosa, y la meditación es otra herramienta valiosa. Porque se complementan y se potencian. Porque se trata de hacer consciente lo inconsciente, de reconocer los patrones automáticos, de convertirse en el Observador de nuestra. mente y entender cuáles son los programas que en automático nos hacen pensar lo que pensamos.
Quedarse sin comenzar ese recorrido, el de descubrir nuestro seteo, es quedarse en la puerta del cambio. Porque no podemos cambiar lo que no conocemos. Por eso es tan difícil cambiar!!!! Se cambia lo que se conoce, y como somos un 95% mente inconsciente, es difícil cambiar lo que hay más abajo de la punta del iceberg.
Siempre se puede cambiar, se puede dejar de ser quienes somos y elegir cómo queremos ser. Se puede. Y para eso, hay que iniciar un recorrido de autoconocimiento, que es el camino que nos llevará a realmente decidir por nosotros mismos en qué queremos creer.

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