Si hace algún tiempo me seguis ya sabes que yo sobreviví porque un día me puse firme y cambié mi forma de alimentarme. A poco menos de un mes había bajado tanto de peso que descubrí un tumor que era un carcinoma, cáncer de mama.
Lejos de ser un drama, fue un proceso que cambió toda mi vida y hoy me trajo donde estoy y a ser quien soy hoy. Una mujer feliz con mucha paz interior.
Eso no significa que no tenga reacciones. Soy humana. Pero les doy un tiempo determinado, luego busco un lugar tranquilo, entro en estado de meditación y vuelvo a calmar mente, cuerpo, hormonas, espíritu.
A veces hay detalles que nos salvan. Siempre es una decisión. Es algo que sentís interiormente, es una señal, es algo que no podés racionalizar, que no podés explicar. Eso que nunca pudiste hacer y siempre postergaste, un día sin saber por qué lo hacés, un día cambias la dirección de tu camino, un día abris los ojos y prestas atención a tu alrededor y todo se te hace más claro.
No desatiendas tu intuición. No trates de poner razonamientos donde se trata de energía y de información que viene de muy adentro tuyo y te está alertando. Hay algo o alguien que te avisa, pero si no estás preparado para escuchar, el aviso pasa de largo. Son milisegundos. Es una ráfaga. Es un escalofrío. Es algo que te alerta.
Baja la intensidad de tus pensamientos y de los razonamientos, hacé un poco de silencio en la cabeza, bajá las revoluciones y si estás pidiendo señales, preparate para recibirlas, porque te aseguro que llegan.
Y pueden salvarte la vida.

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