Te propongo que cierres los ojos un momento y pienses qué te hace feliz en tu vida.
Con estas ideas en la cabeza, ahora te cuento. La mayoría de las cosas, personas o situaciones que nos hacen felices han sido un aprendizaje. Hemos aprendido desde la panza de nuestra madre qué estímulos nos generan el sentimiento de felicidad. Por lo tanto, podemos pensar que tenemos programas internos, circuitos neuronales que nos determinan para que ciertos acontecimientos -estímulos- nos generen felicidad -resultado. Así funcionamos en 3D, en la física de Newton: a una causa sigue un efecto. A un estímulo, un resultado. Quizás te hayas acordado de los perros de Pavlov. Bueno, en cierto sentido, cuando vivimos en automático somos como los perros de Pavlov.
En general a la felicidad, a la alegría, se la acompaña con la sonrisa. La sonrisa, que primero fue un acto reflejo para evitar que un predador nos comiera (si querés otro día te cuento más sobre esto) que involucra músculos, que trae aparejada cierta química. Pero sigamos con lo que veníamos.
Qué pasa si te digo que ser feliz es una decisión personal? La situación cambia, si? Porque si nosotros podemos salir del esquema de «esto o aquello me hace feliz» y pasar a una vida donde decidimos ser felices, o no serlo, suceden varias cuestiones.
Si yo decido ser feliz, puedo salir del esquema de condicionamiento y hacerme cargo de elegir si quiero sentirme feliz o no. Y esto implica entender que la felicidad no sólo es una decisión, sino un sentimiento que no depende de factores externos. Parece algo difícil, pero con el ejercicio que te voy a dejar al final de este post te va a resultar más simple ver el concepto.
Cuando yo voy por la vida convencido que algo externo es lo que me produce la respuesta «felicidad» o su opuesto «tristeza», pongo la responsabilidad de mi estado de ánimo en algo o alguien que está afuera. Dejame ser clara: esto no significa que si sucede algo que te genera felicidad tengas que cuestionarte, se feliz con cada oportunidad se te presente!!!! Lo que quiero decirte hoy es que siempre tenés que tener en claro que la decisión de ser feliz, o de ser triste, es tuya.
Esto es algo que aprendí al profundizar los estudios sobre el trauma. Tenemos un conocimiento colectivo de que hay determinados hechos de la vida que son por sí mismos traumáticos. Y no es así. Algo que para mi fue traumático puede no serlo para otra persona. Así te hable de un hecho de guerra. Hay muchos estudios de stress post traumático en soldados, por ejemplo, y no todos los soldados que regresan de la guerra lo presentan. Cada uno, cada persona, tramita los hechos de la vida de acuerdo a sus programas internos y a la historia que se cuenta sobre esos acontecimientos. Si, todo depende del cristal con que miramos. Y el cristal son nuestros programas inconscientes.
De la misma forma, lo que hoy crees que te hace feliz, puede no hacerte feliz mañana. Y esto, si seguimos sosteniendo que la felicidad funciona con un esquema de causa y efecto, a la misma acción siempre deberíamos tener el mismo resultado. Y si revisas tu vida vas a ver que no es así.
Te voy a traer otro ejemplo: si cuando eras niño o niña tenían programado un paseo en familia, y llovía, y en tu familia los paseos se suspendían por la lluvia, y esa situación te generaba tristeza , hoy de adulto quizás que sea muy natural para vos suspender actividades por la lluvia y que la lluvia te genere una caída de tu estado de ánimo.
Pero tal vez la misma situación te generaba enojo, y reactivamente hoy de adulto no suspendes ninguna actividad por la lluvia. Lograste dejar de lado el programa familiar de que la lluvia es un impedimento y ves la vida de otra forma.
Si cuando eras niño la llegada de la Navidad era un acontecimiento cargado de nostalgia por los familiares que ya no estaban, se dejaban sillas vacías y veías que aquí y allá caían lágrimas, puede ser que la Navidad sea un momento en el año donde estés particularmente decaído o que directamente no te guste. O nuevamente podés salir de ese esquema y proponerte que no es necesaria la lamentación, aceptar el ciclo de la vida y decidirte a festejar igualmente y pasar una noche especial con alegría.
Claro que hay muchos más componentes que te van a llevar a estas opciones, sólo te traigo conceptos generales que sean disparadores y te ayuden a reflexionar sobre este tema de la felicidad.
Cuando entendemos que la felicidad no depende de cosas o personas externas a nosotros, cuando abrazamos la idea de que la felicidad es una decisión que tomamos, podemos lograr ser felices sin que haya nada especial que festejar. Felices porque si, felices por el simple hecho de estar vivos.
Esto implicará el trabajo personal de hacerse responsable de la propia felicidad en lugar de asignarle esta responsabilidad a otras personas, ya sean padres, hermanos, parejas, amigos, el gobierno, las transnacionales o Mercurio retrógrado.
Somos seres cargados con programas de nuestra infancia que actuamos en automático hasta que decidimos hacernos cargo de nuestra vida y dejar de actuar en automático. Esta es la esencia del trabajo personal. Al menos del trabajo personal que yo propongo.
Y vamos con el ejercicio. Esta sencilla práctica consiste en que te acostumbres a tratar de mantener una sonrisa natural la mayor parte del tiempo. No te digo que vayas riéndote como el Guasón, sólo que sostengas una sonrisa natural. Podés ensayarla delante del espejo hasta encontrar el gesto con el que te sientas cómodo o cómoda.
Por qué y para qué este ejercicio? El cerebro tiene establecida una ruta y una relación entre el movimiento de los músculos que intervienen en la sonrisa asociado a las cosas que te hacen reir. Algo te hace sonreír -estímulo- viene la risa -reacción- llega el sentimiento de alegría y hay toda una modificación química en tu cuerpo. Esto es un ida y vuelta doble: algo te hace reir y ries, el cerebro interpreta, procesa y hay modificación química concreta, hormonas suben, hormonas bajan. Al leer nuevamente la modificación química de tu sangre, queda grabado que a esa modificación corresponde el sentimiento de alegría o felicidad.
Por lo tanto, puede ocurrir que un día no estés feliz, pero si te fuerzas a poner en movimiento los músculos de la sonrisa, el cerebro va a leer esos movimientos como reacción a un estímulo de alegría, y va a generar la descarga química por asociación con el movimiento muscular. Esto hará el mismo efecto que si tomaras algún químico externo que te levanta el ánimo, sólo que lo vas a estar generando únicamente con tu propio cuerpo.
El cerebro no distingue estas sutilezas. Lo repito cada vez que puedo. No sabe si lo que pensás está ocurriendo, o si es pensamiento. Reacciona. Con el movimiento muscular es lo mismo.
Escéptico? no me creas, probalo. Y tratá de mantener el gesto de la sonrisa natural el máximo posible, transformalo en un hábito, y vas a ver como algo pasa no sólo en vos sino también en tu entorno. Si los demás no te ven con cara larga, te ven con una cara relajada y con una sonrisa natural, la reacción que tengan hacia vos también va a cambiar. Empezas a intuir este ida y vuelta? Te leo en los comentarios.

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