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Cómo desenmascarar a un violento?

Nota importante: Este artículo se centra en la detección de hombres violentos y que en particular eligen como blanco de su violencia a las mujeres, porque es el patrón más frecuente y el que estadísticamente y a nivel mundial genera mayor riesgo de daños físicos y psicológicos a la mujer, o incluso su muerte. La violencia no es una cuestión exclusiva de un género, pero si es un hecho que a lo largo de la historia de la humanidad son los hombres quienes tristemente acaparan las estadísticas de violencia y en especial de violencia hacia la mujer. También hay mujeres violentas, pero no me voy a ocupar hoy de eso.

La violencia, en especial la violencia de hombres hacia mujeres, ha sido un hecho normalizado a lo largo de la historia de la humanidad, y muchas veces incluso ha estado legitimado por leyes, costumbres y religiones. Las excepciones a esta regla general son pocas.

No quiero extenderme mucho sobre la cuestión histórica, pero siempre es bueno hacer un repaso para entender un fenómeno ha salido a la luz con fuerza desde hace un tiempo y que llegó a las noticias a fuerza de crímenes varios y la muerte de miles y miles de mujeres, pero que siempre existió, incluso en las sociedades más evolucionadas. Así que voy a dejarte al final del artículo un breve resumen de la situación de la mujer a lo largo de la historia y también de las excepciones que te mencioné en el párrafo anterior, junto con una lista de libros clave si querés profundizar el tema.

Cuando hablo de desenmascarar me refiero al hecho de que hay muchos hombres que se presentan como encantadores, en especial al principio de la relación, y que aparentemente nada hace sospechar de que esconden un carácter violento. Querido lector o lectora: no me voy a referir a gestos aislados: quiero que tengas en especial mira que el patrón y la repetición van a ser lo que van a revelar tras la máscara, al violento.

Por lo tanto, no tomes los indicadores que te voy a dar en forma aislada, observá la acumulación de varios y la repetición como una señal de alerta que te lleve a prestar atención con más foco o incluso a tomar precauciones. No es necesario que el hombre sea tu pareja: puede ser un compañero de trabajo, tu padre, tu hermano o un amigo. Además, que no haya ejercido violencia contra vos no significa que no estés delante de un violento: el violento siempre termina delatándose a si mismo, tiene necesidad de mostrar poder, la máscara falla porque el control constante necesita mucha energía, los momentos de estrés pueden desequilibrarlo y existe lo que se conoce como «ventana de revelación» que tarde o temprano aparece. Si te interesan estos temas dejame tu comentario que puedo seguir profundizando. Por hoy vamos con los indicadores.

  1. El control y dominio del espacio físico: un indicador que puede apreciarse a simple vista pero que por sí solo no alcanza es la apropiación que hace el violento del lugar físico más visible o simbólicamente dominante (cabeceras de mesas, esquinas estratégicas, centro de la escena). Digo que no alcanza porque como gesto aislado puede marcarnos una persona que ejercer poder sin necesidad que sea violento. Vamos a agregarle algunos condimentos: el violento se mueve por el espacio como si marcara su territorio, recorre, rodea, observa. En esa puesta en escena hace esperar y mantiene a otros en suspenso para que se adapten a su tiempo. Suele usar su cuerpo como una barrera o como forma de intimidar, por ejemplo, invadiendo el espacio personal, inclinándose demasiado o interponiéndose. También suele marcar jerarquías como quedarse de pie mientras todos son sentaron o se interpone en una puerta bloqueando el paso. En el caso de relaciones de pareja dominada por un violento suele ser incluso la mujer quien sumisamente le de el espacio de protagonismo si en algún momento cree que es ella quien lo está ocupando (algo muy usual en nuestras abuelas, reservar siempre la cabecera de la mesa para el padre, marido o hijo mayor y no usarla aunque ellos no estuvieran)
  2. Interacciones verbales con el objetivo de desvalorizar al otro: la más clara de estas interacciones es la interrupción sistemática cuando otra persona está hablando, esta se lleva todas las palmas. Además, suele minimizar las opiniones o puntos de vista con frases como «eso no es así», «no es tan fácil / difícil como decís» o «vos no entendés» (donde vemos también el desplazamiento de la responsabilidad al otro, cosa muy común en el violento). Suele corrige a quien está hablando, muchas veces sin realmente saber. Se apropia de ideas ajenas y las presenta como propias, incluso frente mismo a quien la dijo por primera vez. Cuando se dirige a una mujer utiliza un tono condescendiente o incluso sarcástico y si es increpado se escuda diciendo que era una broma. Y una interacción fuerte: ridiculizar o corregir detalles irrelevantes para invalidar el discurso del otro.
  3. Comportamiento en el deporte o actividades competitivas: no siempre es necesario que un hombre nos muestre cómo ejerce su violencia contra una mujer, a veces es bueno observar cuál es su conducta también en otros ámbitos. Quiero dejar aclarado que hay deportes que son particularmente fuertes (rugby, futbol americano por ejemplo) pero incluso en esos deportes hay reglas claras y la violencia se sanciona. Lo aclaro porque como psicóloga deportóloga han pasado muchos jugadores de rugby por mi consulta que no eran violentos en su vida personal, pero si aguerridos en la cancha. Vamos a ver qué conductas nos deberían llamar la atención: 

a. La agresividad en el juego es desproporcionada a la intensidad de la partida: insultos, empujones, provocaciones repetidas

b. Incumple las reglas y se justifica diciendo que «es parte del juego»

c. Tiene historial de sanciones prolongadas o repetitivas: a veces la agresión a otros jugadores, árbitros o incluso espectadores puede combinarse con dopaje

d. No soporta la derrota, reacciona muy mal si pierde, acusando a compañeros, a contrarios. Si se trata de deportes individuales, romper elementos de juego, insultar al árbitro o a los expectadores nos muestra a una persona que ha perdido totalmente el control y que tiene una tolerancia baja a la frustración

4. En lo que respecta a su pareja, una acción que pasa a veces desapercibida y es muy sutil es ir generando el aislamiento de la mujer a través de desalentar o impedir el contacto con familiares o amistades, control de horarios, salidas, contactos (escudándose en el cuidado, preocupación, seguridad), crítica o desacreditación de los allegados, insistencia en acompañarla a todos lados y luego acaparar o monopolizar la conversación impidiendo que ella hable, utilizar mudanzas o cambios de rutina para aislarla

5. Uso de la información: paulatinamente comienza a ejercer control sobre la información que maneja la mujer: revisar o exigir acceso a su teléfono, redes sociales, correo electrónico, etc (a veces es la propia mujer quien facilita sus datos para «generar» confianza), decidir sobre la forma en que se utiliza el dinero, incluso si no es suyo, ocultar información relevante sobre pagos y documentos, desinformar o manipular datos para que su mujer (u otra persona si se trata de un vínculo laboral por ejemplo) dependa de su actividad y generar dependencia

6. Dinámica de poder en público: esto se observa en parejas «consolidadas» con mayor énfasis y son acciones como hacer desplantes o «corregir» frente a otros para marcar su autoridad, atribuirse como propias decisiones conjuntas, tomar la palabra en nombre de su pareja sin consultarla y hablar por ella, buscar el protagonismo constante en reuniones o eventos, asumir el control de negociaciones sosteniendo que su mujer es débil, no sabe o se deja influenciar

7. Patrón emocional: cambios de actitud de forma abrupta, pasar de dulce a frío o agresivo sin razón aparente. Utilizar el silencio como arma de control (el silencio es como el veneno o el óxido en estos casos, causa daños terribles y en otro momento voy a extenderme sobre este tema), no tolerar críticas aunque sean mínimas, usar el enojo como herramienta de control (explota y luego vuelve a la calma para imponer su voluntad y se escuda que así es su carácter y que él no puede cambiar, que los demás lo provocan). Y el típico: mostrarse extremadamente atento luego de un acto de agresión para confundir (en casos de violencia instalada son los períodos de «luna de miel» luego de ciclos de violencia)

8. El lenguaje no verbal y los gestos pueden decirnos mucho sobre lo que hay debajo de la máscara, porque son inconscientes y mucho más difíciles de disimular. Voy a poner algunos ejemplos sin abundar: miradas fijas, prolongadas, como forma de presionar; gestos como puños cerrados, mandíbulas apretadas, que simulan una apariencia calma pero están cargados de tensión; sonrisas irónicas cuando la otra persona está hablando de algo serio; la opuesta a la mirada fija: desviar la mirada como signo de desprecio al que le habla, ignorándolo; apretar los labios con fuerza; aproximaciones físicas súbitas como marcaje de territorio; blandir elementos «inocentes» pero que simbolizan armas.

9. Una de las cosas que suele delatar a una persona que puede llegar a reaccionar violentamente es su actitud frente a los límites. Decirle que no a algo es invitarlo a un escenario donde disimular le va a resultar muy complicado. En general el violento actúa como un niño de tres años a quien se le dice no: arma un berrinche, pero el berrinche deriva en alguna forma de violencia. Puede reaccionar ofendiéndose o con hostilidad, busca constantemente quebrar al otro para ver hasta donde puede llegar, ignora acuerdos previos, contratos, tratos si no le convienen. Y la de oro: justifica haber traspasado límites diciendo que «no es para tanto» o que la otra persona está exagerando.

10. Otro indicador puede ser observar cómo habla de otras mujeres: de su madre, hermanas, ex parejas, compañeras o amigas. Puede utilizar términos de desprecio o burlones. Si se le reprocha alguna actividad se justifica diciendo «ella me provocó». Trata con cortesía exagerada a mujeres que detentan poder pero es despectivo con las mujeres que percibe como vulnerables o sensibles. Puede hacer comentarios sexuales fuera de lugar y encubrirlos como «chistes». No soporta que su mujer se muestre débil, llore o sea sumisa, pero si se revela se violenta.

11. El uso de terceros como validación es interesante como foco de observación. Una de las principales justificaciones de un violento es que si tiene una pareja de tantos años, es que él tan malo no es. La manipulación es una de sus habilidades, especialmente si quiere lograr algún objetivo. No tiene ningún reparo en utilizar niños, mascotas o situaciones familiares para generar simpatía y lograr su objetivo o incumplir sus deberes.

12. Finalmente, aunque podría escribir un libro sobre este tema, el violento se incomoda mucho frente a una mujer independiente y que toma decisiones sola, suele criticar logros femeninos y se adjudica el rol de protector de su mujer o de su familia no para cuidarlos sino para controlar.

    Como te dije al principio, no es que una sola de estas conductas te va a probar que estás frente aun hombre violento: pero si ves acumulación de conductas y coherencia entre varias de ellas podés reconocer un patrón inequívoco. Incluso si sos hombre podés reconocer a un violento con estos mismos indicadores.

    Como el artículo se hizo muy largo, voy a dejar para otro momento los consejos sobre qué hacer si detectás a un violento, porque no siempre la única respuesta es «salí corriendo» si sos mujer.

    La lista la fui armando luego de años y años de haber atendido a mujeres víctimas de alguna forma de violencia masculina por parte de padres, tíos, novios, compañeros, amigos, parejas e incluso hijos, y de haberla sufrido yo también. Porque desafortunadamente no se encuentran muchas mujeres que nunca pasaran por una situación violenta por parte de algún hombre. No es taxativa porque lamentamente siempre surge alguna forma más que permite sospechar que estamos frente a un hombre violento.

    Así que, si tenés algún indicador más, por favor compartilo en los comentarios!

    Después de la caja de suscripción al blog te dejo el resumen histórico, breve, incompleto y sin profundizar porque si te interesa esa parte vas a encontrar libros muy interesantes y otros recursos, que también te listo luego de la referencia histórica.

    En la Antigua Grecia la mujer estaba bajo la autoridad absoluta del kyrios, encarnado en su padre o su marido. Golpearla o castigarla era una acción socialmente aceptada.

    Por su parte, en la Antigua Roma, bajo el instituto de la patria potestas, el derecho del padre llegaba aún más lejos: podía llegar a matar a mujeres de su familia en algunos casos.

    La Europa feudal no se quedó atrás al respecto: las leyes permitían al marido corregir a la esposa a través de la violencia. De hecho, había alguien con más poder aún que padres y maridos: el señor feudal, quien ostentaba el derecho de pernoctada con las mujeres la noche anterior a su boda.

    Las culturas asiáticas tampoco se destacan por un trato humano hacia las mujeres en su historia. En la China imperial el castigo físico a esposas e hijas era parte de la disciplina familiar normalizada. Lo mismo ocurría en Japón. Las culturas árabes preislámicas y algunas islámicas posteriores incluían que padre o hermano pudieran decidir sobre la vida de la mujer y distribuir castigos a discreción.

    Las sociedades africanas tribales tradicionales, al menos en varias de ellas, padre y hermano tenían derecho a disciplinar a las mujeres de su clan.

    El paso del tiempo no mejoró la situación de las mujeres, al menos en la Europa moderna de los siglos XVI al XVIII donde golpear a la esposa era considerado parte del rol marital (en Inglaterra incluso la rule of thumb permitía el uso de una vara) y las costumbres europeas obviamente se trasladaron a las colonias americanas.

    Pero también hubo excepciones: en el Egipto de los faraones las mujeres tenían algunos derechos legales y económicos y no hay registros de una «normativa disciplinaria» aceptada, aunque eso no quita que se ejerciera en la intimidad del hogar. Otras excepciones pueden ser algunas sociedades matriarcales o matrilineales, en las cuales la autoridad estaba en manos de las mujeres, lo que impedía a los hombres ejercer violencia contra ellas (algunas sociedades indonesias como Minangkabau, Sumatra y de nativos norteamericanos como los Iroqueses). En Esparta las mujeres también tenían más autonomía y no era bien visto la violencia contra ellas. Y las vikingas de la Escandinavia medieval tenían, dentro de una sociedad patriarcal, derechos legales a la propiedad y al divorcio. Incluso la violencia contra ellas estaba penalizada por ley.

    Lista de libros sobre la historia de la violencia contra las mujeres

    1. Against Our Will: Men, Women, and Rape – Susan Brownmiller (1975)

    Un clásico que revolucionó la forma de pensar la violación, presentándola como un acto de poder y control, no simplemente una desviación sexual. Abarca desde la prehistoria hasta la época contemporánea.

    2. War Crimes Against Women: Prosecution in International War Crimes Tribunals – Kelly Dawn Askin (1997)

    Analiza los crímenes de guerra contra mujeres, especialmente la violación como arma en conflictos armados del siglo XX, incluyendo su reflexión en tribunales internacionales como en Núremberg o durante la guerra de Yugoslavia.

    3. The Comfort Women: Sexual Violence and Postcolonial Memory in Korea and Japan – Chunghee Sarah Soh (2008)

    Estudia una de las formas más brutales de violencia sexual histórica: la de las “mujeres de consuelo”. Relaciona militarismo, patriarcado y memoria histórica en Asia oriental.

    4. The Rape of Nanking: The Forgotten Holocaust of World War II – Iris Chang (1997)

    Aunque centrado en una masacre específica, documenta en detalle el uso sistemático de violación masiva contra mujeres durante la guerra, visibilizando cómo la violencia sexual se convierte en estrategia bélica.

    5. What Trouble I Have Seen: A History of Violence against Wives and Daughters – Eleanor Flexner y Ellen Fitzpatrick (ediciones más recientes)

    Un riguroso estudio sobre la historia de la violencia doméstica en Estados Unidos, mostrando cómo el marido violento fue socialmente tolerado y cómo fue cambiando esa percepción a lo largo del tiempo.



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