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Si podés soñarlo, podés lograrlo


Cuando la dieta keto no alcanza

Siempre te cuento que cambiar a una alimentación cetogénica me salvó la vida. Comencé con esta forma de alimentación el 11 de enero de 2021 y sí, empezó como una dieta más. De hecho, dado que ninguna de las anteriores me había dado resultado y estaba peor que nunca, con 20 kilos de sobrepeso, este cambio lo viví como «una última oportunidad» que me daba: lo siguiente era la resignación.

Pero la vida me tenía una sorpresa: al bajar rápidamente de peso y comenzar con un proceso de desinflamación masiva, en un mes me sentía mejor que nunca. Y fue ese descenso de peso y la desinflamación lo que me permitió descubrir un 23 de febrero de 2021 que tenía un tumor y, en breve, confirmar que tenía cáncer.

Paradojas de la vida: cuando mejor me sentía, con más energía, bajando de peso y reencontrándome conmigo misma, me llegaba este cambio de rumbo.

También cuento cada vez que puedo (así que me repito) que el cáncer me salvó la vida también. Suena loco. Pero fue lo que me permitió despertar y patear el tablero, tocar fondo, salir a flote y cambiar absolutamente mi vida.

De ahí que, una vez instalada en Italia, decidí comenzar a compartir mi experiencia personal con esta forma de alimentación: recetas, contenido educativo, etc., fundamentalmente a través de mi Canal de YouTube y, en algunos casos, también por acá.

El valor que tiene esta forma de alimentación es indiscutible. Nos saca del azúcar, de los carbohidratos, pone a nuestro cuerpo a trabajar con otro tipo de energía en lugar de tirar siempre de la glucosa y tiene la posibilidad de revertir patologías como el hígado graso (lo hizo en mi caso), la resistencia a la insulina e incluso algunos tipos de diabetes, entre otras. Además, deja sin alimento a la mayoría de los tipos de cáncer conocidos.

Hoy no quiero hablarte de esto. Lo que quiero es arrancar con la pregunta:

¿Y cuándo keto no alcanza?

Cuando me mudé a Barcelona, mi vida tuvo otra vez un cambio de paradigma. Sin entrar en detalles (aún no estoy preparada para contarte todo lo que me pasó), lo que sí puedo decir es que, sin que tomara consciencia de ello, mi cortisol se volvió a disparar. ¿Por qué? Porque el estrés subía día a día. Te doy unos ejemplos aislados: mudarme y que el mismo día se rompiera el ascensor y estar así por dos meses viviendo en un quinto piso (y con tres perros para pasear), quedarme de un día al otro sin seguro médico pese a haber declarado que tuve cáncer… y así se fueron acumulando una a una distintas situaciones.

Mientras, seguía con mi sistema de alimentación pero con intermitencias. Empecé también a perder el apetito, mi intestino se inflamaba, comenzaron los dolores articulares, los problemas de sueño y más. No sé si aumenté o no de peso porque no uso la balanza (y recomiendo no hacerlo), y seguí usando la misma ropa, pero sí tenía una inflamación importante. Y lo más tedioso de todo era mi cambio de humor, mi tristeza, mi falta de ganas y la añoranza.

La añoranza de Italia. Tengo que admitir que el sistema sanitario de Italia es lo que más me hace sentir protegida. Pero hay mucho más que eso. La tierra, mis montañas, la comida, la forma de vida, mi casa, mi ciudad. Esto será material de otra historia.

Siempre que empezamos a sentir que nos hundimos, en algún momento tiene que llegar el tocar fondo. En mi caso, tocar el fondo de mi propio caos me permitió comenzar a dialogar conmigo misma para establecer qué decisiones debía encarar.

Porque sí, querido lector: en la vida una de las cosas que mejor le hacen a tu mente, cuerpo y alma es tomar decisiones.

De la que te voy a hablar hoy es la que tiene que ver con la alimentación: me puse más estricta que nunca con keto. Yo ya sabía que esto funciona. Pero, a pesar de hacer keto limpio, saludable y estricto, no me sentía mejor.

Ahí tuve que recurrir a todo el resto de herramientas: trabajo interior profundo, meditación, terapia, adaptógenos (otro día te voy a hablar de la ashwagandha), caminatas, sol, mar… Pero para llegar a ese punto primero tuve que:

FRENAR

Sí, frenar todo. Ya no se trataba sólo de parar una semana. Tuve que frenar mis actividades; incluso tuve que limitar mi consulta durante tres o cuatro meses, reduciéndola a lo mínimo.

Frenar y aceptar que eso era lo que mi cuerpo necesitaba.

Luego comenzó la recuperación.

En ese cerrar también cayeron los canales de YouTube y las redes.

No tenía el rumbo claro para absolutamente nada.

La primera decisión fuerte que tomé fue volver a casa, volver a Italia. Espero que pueda concretarla en breve, como te imaginarás no es simple encarar nuevamente una mudanza internacional.

Esa decisión tiene que ver en primer lugar con mi salud: física, mental, espiritual.

Esa decisión cortó las cadenas y me liberó para todo lo que sigue. En definitiva, hoy no sé en qué fecha vuelvo, pero sí sé que vuelvo a mi casa. Y eso es lo que me sostiene y lo que me permitió seguir indagando en mi proceso interior.

A veces la forma de alimentar el cuerpo, por sí sola, no alcanza. Hay que revisar cómo alimentamos la mente, el alma, las emociones, todo.

Por eso volví a los orígenes: a este blog, al concepto de seguir al conejo blanco.

Como Alicia, como Neo.

Hoy, que ya me siento bien y con energía nuevamente (y no soy esa larva que no podía levantarse muchos días ni de la cama), pude volver a preguntarme si tenía sentido o no seguir compartiendo en redes. Y la respuesta fue un sí rotundo.

Hoy tengo ganas de compartir desde ese lugar, subiendo un escalón en la temática, con una mirada más integral. No sólo con la que me da la Psicología, sino con la que me da mi propia experiencia. Ya no siento la necesidad de validar lo que cuento con lo académico (aunque me vas a leer o escuchar muchísimo haciendo referencia a la Psicología, claro que sí), pero sí siento que lo que he vivido y vivo, los procesos, pueden servir a alguien más que se encuentre en puntos similares.

Si en algún momento de tu vida sentiste que probaste todo y las cosas no salen como querés, tal vez sea hora de seguir al conejo blanco y animarte a tus propias profundidades. Te aseguro que puede ser tu mayor aventura.



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