«Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí…»
La luna va rodando no sólo por Callao, como la soñó Piazzolla. La luna va rodando por cualquier callecita por donde algún par de locos haga alguna locura. Locura de esas lindas, de esas que nos salen del alma. De esas que salen así, locas, porque venimos tapándolas hace mucho tiempo con toneladas de razones estúpidas. Locuras de esas que son lo que deben ser porque están hechas de un material que no entiende demasiado de razones ni de explicaciones.
La luna una noche cualquiera te sorprende mirando a los ojos a alguien. La luna rueda que rueda, buscando dos que se miren, dos que se besen, dos que se abracen. La luna, muda, rueda que rueda esperando que dejemos el traje de las imposibilidades y nos pongamos por un rato el traje de los sueños.
La luna rueda y cuando nos ve vestidos con el traje de los sueños, aunque sea un ratito, sonríe un instante.

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