SIGUE AL CONEJO BLANCO

Si podés soñarlo, podés lograrlo


Años y focos

Empecé el 2013 amando y lo termino amando más todavía.

¿Qué se puede pedir en la vida más que eso?

Empecé el 2013 dispuesta a no olvidarme de las cosas importantes, dispuesta a luchar por lo que quiero y a no mentirme y lo termino reafirmando que lo único importante en mi vida tiene que ver con lo que amo intensamente: personas y vocación.

Algunos me dijeron que laboralmente fue un año exitoso. Rotundamente, es lo que menos me sumó en este año, pese a que trabajé intensamente, con dedicación, pasión por mis ideales y ganas de servir al prójimo a través de la gestión. Pero lo hecho, que si, fue mucho, me parece liviano en comparación con las grandes ganancias que tuve en lo humano, conociendo personas que quiero seguir teniendo siempre cerca.

Distinto es lo que siento por mi trabajo como psicóloga,  que me cuesta mucho nombrarlo como «trabajo», porque cada día estoy más enamorada de mi profesión. Termino el año amando más que nunca ser psicóloga.

Hoy pensaba que a veces queremos cosas, situaciones, personas, o creemos que queremos, y en realidad somos dueños de grandes caprichos. A mi se me ocurrió que todos los días tenemos que preguntarnos si lo que estamos haciendo, si lo que estamos queriendo, es exactamente lo que deseamos. A veces queremos algo determinado, una relación, un cargo, algo material, y nos concentramos en eso concreto, cuando no siempre eso concreto es lo que nos va a dar paz cuando lo obtengamos. A veces queremos algo y nos olvidamos de nosotros, de nuestra vocación, de nuestro deseo. No siempre querer algo es desearlo. Es en el deseo donde tenemos que indagar, en el ser, en nuestra subjetividad.

Ayer le pregunté a una amiga: «¿querés a fulano o deseas una pareja?». No es lo mismo. «Querer» a alguien a veces implica el capricho de la posesión, de la propiedad. Desear un vínculo es algo distinto. Está bueno preguntarse cuánto de lo que nos ocupa en el día a día es capricho, una forma desenfocada de entendernos a nosotros mismos.

Este 2013 fue tan intenso que parece que hubiera tenido 900 días. Lo que pasó en enero parece muy lejano. Y así y todo, lo mejor llegó al final, y está teniendo que ver con volver a mi misma, a repensar qué deseo realmente y a levantar la vista y empezar a ver todas las señales que la vida me va presentando a diario.

Arranqué el año en la selva, dejando filtros, mochilas y tomando contacto con la Naturaleza. Viajé mucho. A veces más que viajar huí. Y volví. Y sigo dispuesta a escuchar más que nunca a mi corazón en cada cosa que haga. Y a volver, aunque sea mentalmente, a la selva, cada vez que me haga falta despojarme un poco de las apariencias del día a día.

Empecé el año amando y termino amando más todavía. Y teniendo más claro aún que solo quiero hacer aquello que real y profundamente amo.

Les deseo un 2014 de aprendizaje y de crecimiento en lo que a cada uno realmente le importe.



Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.