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Si podés soñarlo, podés lograrlo


Desdramatizar

«Emigrar es desgarrador». Crecí con esta y muchas frases similares. Habiendo nacido en una familia cuyos abuelos llegaron a Argentina desde Italia y que nunca volvieron, en una época donde no había llamadas de larga distancia ni internet y sólo dependían de las cartas en papel, emigrar era vivido como un destierro.

Pero hoy, a pesar del tiempo transcurrido, a pesar de las comunicaciones, a pesar de que no hay forma de desconectarse incluso cuando queremos, la mayoría de las personas sigue viviendo irse de «su» país para vivir en otro como un suceso dramático. Aún cuando se elija voluntariamente, la mayoría de las personas que vienen a la consulta por este motivo, sienten que haber emigrado ha sido un hecho traumático en sus vidas.

Más allá que esto responda a los programas que tenemos en nuestro inconsciente, que responda a lo que hemos escuchado, a los discursos de otros, emigrar es un proceso profundo que puede trabajarse antes, durante y después. Emigrar puede ser un detonador que ponga sobre la mesa un montón de cosas no trabajadas antes y metidas debajo de la alfombra. Pero no desde el drama ni desde el trauma, sino desde el aprendizaje y la transformación, desde el crecimiento y la libertad.

Yo elegí no dramatizar el hecho de haber decidido mudarme de país. Nunca me sentí una «emigrada» o una «inmigrante», jamás se me pegó el «no soy de aquí ni soy de allá». Simplemente llevo mi hogar dentro mío y hago campamento donde lo siento y hasta cuando lo siento.

Y con esta filosofía encaro también el proceso en la consulta psicológica. Porque del dolor genuino que trae una persona se puede iniciar un recorrido de autoconocimiento, crecimiento y superación.

Siempre se apunta a descubrir los «por qué». En mi práctica y en el estudio continuo he descubierto que saber siempre por qué alguien llega al desarrollo de síntomas no siempre garantiza la solución de su dolor interno. Los por qué me sirven a mi como profesional de la salud, pero escarbar y traer al presente situaciones dolorosas del pasado sólo hacen que el cerebro de esa persona vuelva a vivir las cosas como si estuvieran ocurriendo exactamente en el Aquí y Ahora. Cosas aprendidas en la asistencia en emergencias y catástrofes, sí, pero que sirven para todo.

En cambio, descubrir sus programas inconscientes, sus pensamientos recurrentes, esos que alimenta día tras día, una y otra vez y lo llevan a crear su mundo, eso si sirve para tomar la decisión de cambiar. Y la buena noticia es que no sólo se puede cambiar sino que se puede ser alguien totalmente nuevo.

Yo elegí no dramatizar la emigración y no dramatizar nada en mi vida, elegí salir del drama, elegí empoderarme para no responsabilizar a nada que esté fuera de mi misma sobre mis dolores, mis alegrías y mis decisiones. La vida no es un drama, la vida es maravillosa, aún cuando nos suceden cosas como diagnósticos, procesos de enfermedad, muertes de seres queridos, separaciones, etc.

Casi dos años y medio viviendo en Italia no me impiden hablar a diario con mis amigos no sólo de Argentina sino del lugar del mundo donde estén viviendo. Cuando se trata de Amor, de Amistad, no hay tiempo ni hay espacio, la conexión, el vínculo se da en otra dimensión, en el campo cuántico, en el plano de la pura energía, de la pura consciencia.

Vivir sin drama me permite aprovechar cada mínuto en vez de perderlo en la queja. Vivir sin drama me ha hecho libre.

Y la libertad no es algo que se logre en este o en aquel país, en esta o en aquella ciudad. Es algo que primero se gana dentro nuestro.



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