Siempre damos, podemos dar «algo» o podemos dar «nada». Pero siempre damos.
A mi me encantaría dedicarle todo lo que tengo para vivir a esas personas que me hacen y le hacen bien al mundo.
En el mundo físico, no virtual, a esos que te miran a los ojos y te escuchan y te abrazan, demostrándote que somos importantes para ellos.
A esas personas que su sola presencia te llena de energía, amor, paz.
En la consulta quiero dedicarle mi tiempo y mi saber, mi experiencia, a gente comprometida, a esas personas que aún estando en crisis se cansaron de ser víctimas y quieren tomar las riendas de su vida.
En las «redes sociales» (hoy son YouTube, Instagram, Spotify y serán otras en algún otro momento), y con el celular, con el teléfono movil, me pasa lo mismo: quiero que redes y teléfono sean herramientas para comunicarnos, pero no objetivos.
Durante la pandemia del 2020 aprendimos que podíamos mantenernos «cerca» utilizando la tecnología. Por primera vez me permití la consulta on line, algo que no hubiera hecho antes.
(En otro momento podría profundizar qué tan «conectados» estamos así, pero hoy va por otro lado.)
Y mientras podamos ser conscientes que la tecnología está a nuestro servicios en lugar de convertirnos en adictos consumidores de inmediatez y rapidez, bienvenida la tecnología y las nuevas herramientas.
Pero cuando nos acostumbramos a que algo que dura más que un reel nos aburre, o cuando podemos estar horas haciendo scrolling (pasando con el dedo de una publicación a otra, ese movimiento del dedito deslizando hacia arriba en el movil) pero nos decimos a nosotros mismos que no tenemos tiempo para otras cosas… bueno, llega ahí el momento de reflexionar.
Estoy en ese momento de reflexión. Pensando muy bien la utilidad que quiero darle a estas herramientas. Priorizándome. Eligiendo estar disponible y presente y dando lo mejor de mi para quienes estén en una sintonía similar.
Es parte de mi libertad, poder elegir qué quiero.
Vivimos en una época donde todos queremos en algún momento soluciones mágicas y sobre todo, gratuitas. Queremos que todos nos den algo. Pero raramente estamos dispuestos a dar.
Porque no nos damos cuenta que siempre estamos dando.
Hay personas «givers», esos que siempre damos, y hay personas que siempre demandan, desde atención, oreja, beneficios, respuestas.
Los que siempre damos, cuando no tenemos retroalimentación, nos agotamos, nos vaciamos. Esto aplica a los vínculos de cualquier tipo. Los vínculos necesariamente necesitan retroalimentación para subsistir y crecer.
Los que siempre demandan te dan eso: su demanda constante, te dan su necesidad de ser escuchados, atendidos, cuidados.
Por eso, hay que evaluar los equilibrios. Y hay que preguntarse. Y hay que cuestionarse.
Y sobre todo, no hay que tener miedo de podar el jardín.
También estoy mirando el jardín, viendo qué plantas se secaron, cuáles necesitan poda, cuáles están creciendo con toda la fuerza.
Mi sugerencia de hoy es: tomate un rato para pensar si tu mejor relación hoy es la que tenés con.. tu teléfono? tu trabajo? la opinión o la aprobación de los demás?… o si te estás vinculando con personas.
Tomate un rato para ser sincero con vos mismo y saber qué tipo de «giver» sos, qué es lo que das de vos mismo: das lo mejor o das sobras? das amor o das migajas? das prioridad o das apuro?
Siempre damos.
Y qué aceptás recibir: estás dispuesto a recibir cualquier cosa o querés vínculos de calidad en tu vida? Querés amor y personas disponibles o te conformás con que te den tiempo cuando les sobra?
Das tu atencion plena a las personas que son importantes en tu vida?
La vida es muy corta. Es un instante en el Universo. Te comparto estas reflexiones porque son las que me tienen concentradas desde hace un tiempo, las que me permiten construir mi tamiz, las que me ayudan a saber de quienes quiero rodearme y qué calidad de vida quiero.
Podemos elegir qué tipo de vínculos queremos en nuestra vida. Y podemos hacerlo sin ninguna vara, sin juzgar. Aceptando que cada uno es y hace lo que quiere de su propia vida, que cada uno da lo que quiere y que del otro lado, cada uno acepta lo que quiere aceptar.
Siempre damos. Demos Amor.
Hoy me permito recibir lo bueno, ya no acepto en mi vida sobras, ni migajas, ni sentimientos que no sean de amor. O eso quiero intentar.
Cuando nos permitimos recibir sobras, el Universo se encarga de mandarnos más sobras. No tengas miedo. Si te decidís a vivir una vida donde recibas lo que te hace bien, el Universo, Dios, o como quieras llamarlo, va a entender el mensaje y te va a mandar más de eso.
Puedo dar amor sin recibir nada a cambio? Siempre recibo. Cuando doy amor, recibo la felicidad de dar ese amor, de saber que soy una persona que tiene la potencialidad de dar amor. Lo que te propongo reflexionar hoy, y sin ánimo de proponerte una verdad o una certeza, es que en los vínculos tenemos que detenernos a ver qué está circulando en el ida y vuelta.
Siempre damos, demos Amor.

Deja un comentario