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Más allá de la cancha: Manejo de la presión y tolerancia a la frustración en tu vida cotidiana

La psicología del deporte nos muestra, en el área de los deportistas de alta competencia, cómo se maneja la presión extrema y cómo se tolera la frustración cuando los resultados no salen como el atleta se lo propuso.

Esto no es un área reservada exclusivamente a los deportistas de élite. Como venimos haciendo en los artículos anteriores de esta serie, podemos extraer sus enseñanzas para aplicarlas directamente a la vida cotidiana.

Todos atravesamos situaciones en las que sentimos presión. No necesariamente porque estemos compitiendo en una cancha, sino porque hay algo que para nosotros importa: una decisión laboral, una conversación difícil, una situación familiar, una pérdida, un proyecto, una mudanza, una crisis económica, una etapa vital o un objetivo que queremos alcanzar.

En esos momentos, la pregunta no es solamente qué está pasando afuera, sino también qué pasa adentro. Qué lectura hacemos de lo que ocurre. Qué historia nos contamos. Qué nos decimos cuando sentimos que tenemos que rendir, sostenernos, decidir o seguir adelante.

1. Presión: ¿Desafío o amenaza?

Una de las líneas actuales de investigación en psicología deportiva trabaja con la diferencia entre vivir una situación de presión como un desafío o como una amenaza.

Cuando una persona interpreta que tiene recursos suficientes para afrontar una demanda, tiende a posicionarse en un estado de desafío. En cambio, cuando percebe que la demanda supera sus recursos, la misma situación puede transformarse en una amenaza destructiva.

Una revisión y metaanálisis de 2025 sobre estados de desafío y amenaza encontró que las personas en estado de desafío tienden a obtener mejores resultados de rendimiento que quienes están en estado de amenaza. El análisis incluyó 62 estudios publicados entre 2017 y 2024, con 7.418 participantes en distintos ámbitos, incluido el deporte. (Al final del artículo vas a encontrar todas las fuentes por si querés consultarlas de manera directa).

Este punto es central para pensar la vida cotidiana. Muchas veces no nos desorganiza solamente lo que ocurre, sino la historia que nos contamos acerca de lo que ocurre. En definitiva, se trata de la narrativa que construís.

Una misma situación puede ser leída como: “esto me supera”, “no voy a poder”, “si fallo, se termina todo” o “no puedo equivocarme”. O puede ser leída de otra manera: “esto es difícil, pero puedo ordenar mis recursos”, “no tengo todo bajo control, pero puedo dar el siguiente paso” o “este resultado no define mi valor completo”.

Si todavía no lo hiciste, te recomiendo que cuando termines estas líneas vayas a leer el artículo sobre diálogo interno, porque todos los contenidos de esta serie se complementan entre sí. La presión no necesariamente tiene que destruir tu rendimiento, seas atleta o no; incluso puede ser un estímulo. Tené en cuenta que, a veces, lo que destruye el rendimiento es lo que vos mismo te decís sobre qué cosas están en juego en tu vida si no rendís como creés que deberías hacerlo.

2. Ansiedad competitiva, presión externa y la trampa del juicio ajeno

Un estudio publicado en 2026 en Frontiers in Psychology sobre ansiedad competitiva en estudiantes deportistas encontró que, cuando los atletas perciben una fuerte presión externa, aumentan significativamente la preocupación por el fracaso, la evaluación externa, la duda sobre sí mismos y la ansiedad.

Esto tiene una aplicación muy clara fuera del deporte. Muchas personas viven sus situaciones cotidianas como si estuvieran permanentemente evaluadas: por el trabajo, por la familia, por la pareja, por las redes sociales, por la edad, por el dinero, por la productividad, por el cuerpo, por la imagen o por la comparación constante con otros.

El problema real aparece cuando dejas de evaluar una acción concreta y empezás a evaluar tu identidad completa.

  • Aparece cuando te decís “soy un fracaso”, en vez de ver con un poco de distancia que hay algo en específico que no salió como esperabas.
  • Aparece cuando decretás “no sirvo para esto”, en lugar de asumir que a veces hay situaciones en la vida, como los partidos, que simplemente no se ganan.

Ese diálogo interno hace que la presión se vuelva mucho más difícil de tolerar porque sentimos que no es una conducta la que está en juego, sino nuestro valor como persona. Recurrimos a generalizaciones que, como tales, siempre son erróneas. Decimos “soy un fracaso”, cuando podríamos decir: “en esta tarea no me desempeñé como yo esperaba”.

Ahí sacamos la generalización y vamos al caso concreto. También le quitamos peso a la palabra «fracaso», que tiene una connotación tan densa que hace que tu cerebro, al escucharla, automáticamente empañe tu vida entera y no simplemente el resultado de una actividad aislada.

3. El entrenamiento psicológico no se improvisa en la final

Una revisión y metaanálisis de 2025 sobre intervenciones psicológicas para reducir la ansiedad en atletas encontró que distintas formas de intervención —entre ellas el entrenamiento de habilidades psicológicas (PST) y la terapia cognitivo-conductual— pueden reducir drásticamente la ansiedad estado en deportistas. El entrenamiento de habilidades psicológicas mostró un effecto especialmente relevante.

Otro artículo de 2025 define este entrenamiento de habilidades psicológicas como una práctica sistemática orientada a mejorar el rendimiento y el bienestar, ayudando a los atletas a manejar pensamientos, emociones y conductas mediante recursos como la relajación, el diálogo interno, la reformulación cognitiva y la regulación emocional.

Esto nos deja una idea fundamental: nadie aprende a manejar la presión el día de la final.

En la vida cotidiana, sin embargo, solemos hacer exactamente lo contrario. Esperamos estar completamente desbordados para querer tener herramientas. Esperamos estar frustrados, ansiosos, enojados o paralizados para preguntarnos qué hacer.

La psicología del deporte demuestra que las herramientas tienen que estar antes. La regulación se entrena antes. La pausa se entrena antes. El reconocimiento de los propios automatismos se entrena antes. Porque cuando llega el momento de máxima presión o de frustración, por pura biología, ya no estamos en las mejores condiciones para pensar con claridad.

4. Tolerancia a la frustración: El arte de permanecer en el proceso

La tolerancia a la frustración no significa aguantar cualquier cosa. Tampoco significa resignarse, endurecerse o negar lo que duele. Desde una mirada psicológica aplicada al deporte, tolerar la frustración implica poder sostener una conducta orientada a un objetivo aun cuando aparecen el error, la demora, el cansancio, la sensación de injusticia, la incertidumbre o el resultado adverso.

Una revisión sistemática y metaanálisis de 2026 sobre resiliencia y rendimiento deportivo encontró una asociación positiva directa entre resiliencia y rendimiento atlético. La resiliencia aparece vinculada con la capacidad de afrontar la presión, el estrés, la ansiedad competitiva, el burnout y las exigencias del rendimiento.

Trasladado a la vida cotidiana, este concepto nos muestra que muchas veces la baja tolerancia a la frustración no tiene que ver con una supuesta debilidad de carácter, sino con no haber desarrollado todavía los recursos internos para atravesar el intervalo entre el deseo y el resultado.

La anestesia de la inmediatez digital

Esto, en la actualidad, se ve profundamente agravado por el consumismo y la necesidad de resolver todo de forma inmediata. La cultura de las redes sociales nos lleva a pensar que todo puede resumirse en pocos segundos, porque es lo que vemos en las pantallas.

Procesos complejos que llevan horas, días, meses o años los consumimos resumidos en un video de treinta segundos. Podemos entender racionalmente que fue un proceso largo, pero hay una parte automática en nuestro cerebro que asocia el proceso con un resultado rápido.

  • Entonces, queremos resolver nuestra vida entera en un momento.
  • Queremos que, ante un momento de ansiedad o de angustia, la calma aparezca por generación espontánea.
  • Queremos entender todo automáticamente y que las medallas lleguen lo más rápido posible.

Pretender que en la vida los resultados se den en el menor tiempo posible no siempre es una meta irreal, pero para saber si es posible o no, primero tenemos que ver de qué terreno estamos hablando.

Pensemos en un atleta olímpico. Necesariamente va a tener que esperar cuatro años para volver a probarse en unos Juegos Olímpicos. Pero en el medio va a tener un montón de desafíos que atravesar: competencias continentales, torneos locales, amistosos, entrenamientos diarios, lesiones posibles, mejoras técnicas, cambios físicos, oscilaciones emocionales, días buenos y días malos.

Los resultados llegan a medida que nos amiguemos con nuestros propios procesos y entendamos qué cosas tenemos que ir puliendo. Una de las estrategias más efectivas es dividir los objetivos en etapas más pequeñas y trabajar sobre ellas. No solo para mejorar nuestras habilidades, sino para elevar nuestra tolerancia a saber que, en los primeros momentos, las cosas no van a salir como nosotros queremos.

Tolerar la frustración no es resignarse ni abandonar. Es aprender a permanecer en el proceso cuando el resultado todavía no aparece. Es aprender a hacer una pausa, aceptarla y comprender que el resultado que buscamos depende en parte de nosotros, pero no siempre depende solamente de nosotros. También juegan las variables externas, los tiempos, los límites, los contextos y los factores ambientales.

Cuando entiendo mejor el terreno en el que estoy parado, puedo frustrarme de manera menos destructiva. Puedo dejar de pelearme con lo que no controlo y empezar a intervenir con más claridad sobre lo que sí puedo modificar.

5. Desarmar el nudo: Hacer consciente lo automático

Una parte fundamental de este camino es hacer consciente lo que ocurre de manera automática o inconsciente. No se construye un diálogo interno nuevo desde fórmulas vacías ni desde frases positivas repetidas mecánicamente. Se construye, primero, observando con honestidad qué ocurre hoy.

Te invito a hacerte estas preguntas:

  • ¿En qué momento exacto me frustro?
  • ¿Qué tipo de situaciones me hacen perder el control?
  • ¿Qué me digo a mí mismo cuando algo no sale como quiero?
  • ¿Qué hago cuando siento que fracasé? ¿Me paralizo, ataco, me retiro, me castigo, abandono o busco una solución y pido ayuda?
  • ¿Me quedo atrapado en la rumiación y la autocrítica?

Este reconocimiento tiene que ser previo. La herramienta necesita estar disponible antes de que llegue el momento de mayor frustración. La frustración llega. El error llega. La demora llega. El trabajo psicológico no consiste en negar esa realidad, sino en preparar una respuesta más consciente frente a ella.

6. El error como parte del entrenamiento diario

En el deporte, el error es inevitable. La diferencia entre un atleta amateur y uno de élite no está en no equivocarse nunca, sino en qué ocurre inmediatamente después del error y qué se hace con esa información. En la vida de los que no somos deportistas pasa exactamente lo mismo.

Una entrevista publicada por Le Monde en 2024 al psicólogo deportivo Denis Hauw plantea que aprender a enfrentar el fracaso debería ser un objetivo esencial en deportistas de alto rendimiento. Hauw señala que muchas preparaciones se centran únicamente en ganar y dejan poco espacio para aprender a elaborar la derrota, lo que puede generar vergüenza, colapso emocional, caída del rendimiento o problemas psicológicos posteriores.

Vivir es seguir adelante a pesar de nuestros errores. El problema real es que muchas veces nos quedamos empantanados en la etapa posterior al fallo: el reproche, la vergüenza, la autocrítica, la rumiación y la fantasía melancólica de que todo debería haber sido distinto. Esa etapa existe y no hay que negarla, pero sí se trata de aprender a ponerle un límite.

En algún momento tiene que aparecer un punto final, un corte interno que nos permita pasar de la etapa del reproche a la del aprendizaje. En la vida aprendemos más de los errores que de los aciertos. El acierto muchas veces solo confirma lo que ya sabíamos. El error, en cambio, nos muestra una variable ignorada, una expectativa excesiva, una falta de preparación, una lectura equivocada o una estrategia que dejó de ser útil.

No alcanza con prepararse para ganar; también hay que prepararse para no destruirse cuando algo sale mal.

7. La parálisis de la seguridad: Actuar con la incomodidad a cuestas

En una entrevista de 2024, Jess Thom, psicóloga principal del Team GB para los Juegos Olímpicos de París, explicó que los atletas de élite también experimentan ansiedad, frustración, duda y pensamientos negativos. Su enfoque no consiste en eliminar mágicamente esas emociones, sino en reconocerlas, aceptarlas y volver al momento presente para poder ejecutar la tarea.

Esto rompe por completo con una idea muy extendida en nuestra cultura: “Cuando tenga confianza y me sienta seguro, lo hago”.

La psicología del deporte demuestra que el atleta actúa bien aunque tenga ansiedad, aunque tenga dudas o aunque haya cometido un error en la jugada anterior. No espera a sentirse perfecto.

Esto también vale para tus días comunes. No siempre vas a sentirte seguro antes de tomar una decisión importante, y muchas veces vas a tener que avanzar aunque el panorama no sea nítido (por ejemplo, en momentos de emergencia). No siempre vas a estar tranquilo antes de encarar una conversación difícil, pero vas a tener que entrar a esa habitación e incomodarte igual.

Sostener la incomodidad es uno de los grandes desafíos de la vida de cualquier persona. A veces la confianza no aparece antes de actuar, y a veces tampoco aparece después de haber logrado el objetivo. Dejemos planteada esta idea: muchas veces no avanzamos porque esperamos una sensación de seguridad completa que no va a llegar antes de movernos; lo que necesitamos aprender es a avanzar con la duda a cuestas.

8. El entorno y las voces heredadas: ¿Te presionás o te cuidás?

La presión se compone tanto de tu diálogo interno como de las actitudes y discursos que provienen de las personas que te rodean. A su vez, como ya vimos, ese diálogo interno se estructura con muchas cosas que te han dicho a lo largo de tu historia y que no necesariamente son ideas originales tuyas. El único diálogo interno verdaderamente propio es el que vos construís y entrenás de forma consciente.

Muchas veces, lo que sentimos como presión interior actúa en consonancia con lo que nos exigimos de forma mental, pero el entorno puede ayudar a regular o, por el contrario, disparar los niveles de ansiedad.

Un artículo de The Guardian de 2025 recoge la preocupación de psicólogos deportivos por la presión excesiva de algunos padres en el deporte juvenil. El texto relaciona la exigencia desmedida por ganar, la crítica constante, la interferencia y el abuso verbal con niveles severos de ansiedad, desmotivación y un claro deterioro del bienestar en niños y adolescentes.

Aunque este ejemplo viene del deporte infantil, el aprendizaje en adultos es idéntico. Muchas personas adultas siguen funcionando internamente bajo voces de exigencia, crítica o amenaza porque aún no han hecho consciente su diálogo interno. La voz de un entrenador, de un padre, de una madre, de una pareja o de una cultura obsesionada con el rendimiento puede quedar introyectada.

Entonces ya no hace falta que nadie te presione desde afuera; te presionás solo.

Y muchas veces no necesitás más presión para rendir mejor; necesitás un entorno interno menos hostil para poder sostener el esfuerzo en el tiempo. Pero esto es absolutamente subjetivo: hay personas que funcionan muy bien bajo presión, mientras que otras, bajo el mismo estímulo, colapsan.

Acá se vuelve fundamental el autoconocimiento. No todas las personas necesitan lo mismo, no todas responden de la misma manera y no todas se regulan igual. Conocer tu propio modo de funcionamiento es el núcleo del entrenamiento mental.

9. Síntesis conceptual: Tu arquitectura de respuesta

La psicología del deporte nos enseña que la fortaleza mental no es la ausencia de miedo, de frustración o de error. La fortaleza mental es la capacidad de seguir respondiendo de manera organizada cuando esas experiencias aparecen.

  • No se trata de no sentir presión, sino de aprender a funcionar bajo ella.
  • No se trata de no frustrarse, sino de no destruirse cada vez que la realidad no responde a nuestro deseo inmediato.
  • No se trata de no equivocarse, sino de tener la plasticidad para volver al juego después del error.
  • No se trata de controlar todas las variables, sino de distinguir qué depende de vos y qué no.
  • No se trata de ir adelante a pesar de todo, sino también de saber cuándo tenés que frenar, y cuándo el objetivo es desproporcionado a lo que podés lograr.

Muchas veces la frustración no llega por una supuesta falta de disciplina, sino porque nos proponemos metas que no son realistas para nuestro punto de partida. En absoluto significa ser mediocre. Esto es entender que si soy una mujer de más de cuarenta años y mido un metro cincuenta y nueve, por más entrenamiento mental y fuerza de voluntad que tenga, no puedo pretender jugar en un club de básquet de hombres de la NBA. No significa en absoluto que no pueda jugar al básquet; significa que esa meta en particular es un imposible biológico y estructural, tan irrealizable como pretender volar por mis propios medios. Aprender a frenar y a recalibrar cuando un objetivo es desproporcionado no es rendirse; es aplicar un criterio clínico y real para cuidar tu rendimiento y, sobre todo, tu salud mental.

Por otro lado, hay un matiz fundamental cuando hablamos de objetivos grandiosos. Si nos proponemos metas que son muy ambiciosas, el reverso exacto de la frustración tiene que estar en el valor de habernos animado a intentar algo de ese tamaño. Cuando vas detrás de un proyecto enorme, el verdadero premio no está únicamente en cruzar la línea de llegada. El foco de la recompensa tiene que ponerse en el coraje del intento, porque sea lo que sea que hayas logrado y cosechado en ese camino, ya es una ganancia inmensa. A veces, la verdadera victoria no es la medalla, sino la persona en la que te tuviste que convertir para animarte a jugar un partido de esa magnitud.

La psicología del deporte nos ofrece un campo privilegiado para observar estos procesos porque en el deporte todo se ve con mayor claridad: la presión, el error, la frustración, la expectativa, el resultado, la derrota, la necesidad de volver a empezar.

Pero la vida cotidiana también nos exige eso. Te pide tolerar procesos lentos, te enfrenta a resultados que jamás elegiste, te obliga a seguir viviendo después de tus errores y te pide actuar sin certezas. Y tal vez ahí esté la enseñanza más valiosa de todas: aprender a no confundir un resultado adverso con una identidad derrotada.

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Fuentes consultadas

Hase, A. et al. (2025). Revisión y metaanálisis sobre estados de desafío y amenaza y su relación con el rendimiento. PubMed Central. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11869992/

Li, H. et al. (2025). Effects of psychological interventions on anxiety in athletes. Frontiers in Psychology. https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2025.1621635/full

Artículo (2025). Entrenamiento de habilidades psicológicas, rendimiento y bienestar en deporte. PubMed Central. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12096651/

Chen, Y. (2026). Correlates of competitive anxiety in student athletes. Frontiers in Psychology. https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2026.1832383/full

Mei, Z. et al. (2026). The association between resilience and athletic performance: systematic review and meta-analysis. PubMed Central. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC13077836/

Le Monde. (2024). Confronting failure is an essential objective for top athletes, sports psychologist says. https://www.lemonde.fr/en/sports/article/2024/08/27/confronting-failure-is-an-essential-objective-for-top-athletes-sports-psychologist-says_6722183_9.html

The Guardian. (2024). Team GB’s psychologist on nerves, negativity and self-doubt. https://www.theguardian.com/sport/article/2024/jul/26/team-gb-psychologist-paris-olympics

The Guardian. (2025). Pushy parents are “biggest problem in sports performance”, say psychologists. https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2025/oct/18/pushy-parents-biggest-problem-sports-performance-psychologists



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